Todo fue culpa de mi vínculo interno arcaico – y arcano – con las Internacionales Hipsteristas Mundiales, que me llevó a tener un encuentro cercano con el gran Bambi del shuperismo. El ver a ciertos hombrecillos semi-desnudos, con cornamentas de ciervo sobre sus cabezas, removió antiguos recuerdos de vidas pasadas mientras sonaba una melodía cuyas letras hablaban de implosionar como osos – siendo implosionar un verbo no aceptado por la RAE, derivando éste de la palabra implosión – fue demasiado para mi corazón. El video es impecable, bello, y ENTERO DE HIPSTER, tanto, que de puro cagones no usan pezuñas de cabra y se andan creyendo faunos, y ahí nos vamos en volá.arqueológica.infantil.crónicanarniana y la hueá se va toda a la súper chucha. Si es que ya no se fue.
Morí, subí a los cielos, se derritieron mis alas de cera, caí en picada y resucité del puro golpe e impresión que sufrí luego de ser atravesada en medio del pecho por la cornamenta del gran ciervo Hipster. Sangrando y todo, caminé y lavé mis heridas en una cuenca lacustre meridional, para emprender dignamente el regreso a la capital, como buena Kung Fu terrenal [patitas, para qué las quiero].
Me trago mis palabras (y vomito un Bambi).
La hueá es que la sangre es roja, los druidas arden y capaz que ardan también los hipsters.
Kill all the hipsters, antes que se les ocurra andar ardiendo por ahí. O implosionando como osos. O multiplicando peces cual jesucristos superestrellas (el primer hipster de la era D.C., el primer shúper, el que come helados en el Emporio La Rosa mientras los druidas arden).



